Estas son algunas historias que fueron escritas por mí desde la infancia, cuando la lectura era muy asidua y mi mejor amiga mientras que la escritura era mi mejor forma de expresión… estas “historias cortas” fueron creadas en muchas etapas de mi existencia, desde que tengo uso de memoria, algunas la encontré en cuadernos viejos de primaria y secundaria. Y sin modificarlas en ningún punto, las iré posteando esperando sean útiles en sus momentos de tedio y aburrimiento.
ELOISA
Me encontraba en el tercer grado de secundaria, en la mitad del curso, en ese momento todos mis amigos y yo ya nos creíamos expertos manipuladores y dueños de la escuela; sabíamos cuando los profesores y prefectos se daban sus vueltas por aquí y por allá, así podíamos escapar de su vigilancia en cualquier momento.
Siempre tuve muchos amigos y más aún, tenía cómplices, testigos mudos que compartían conmigo y yo con ellos miles de cosas, travesuras y experiencias, de esas que te forjan la vida. Éramos bastantes en nuestro grupo de amigos y el hecho de que todos viviéramos cerca nos hacía convivir también fuera de las horas de clase. Pero ahora hablare de uno solo de ellos; y de lo que viví con él, en una semana en la que pase de ser unos niño estúpido que le gustaba jugar futbol, molestar a las niñas y fumar a escondidas en el techo de la cooperativa escolar, a ser un tipo que miraba la vida diferente y miraba de forma distinta y más interesante a las mujeres.
Era un martes, yo esperaba a Javier en el techo de la cooperativa para nuestro acostumbrado cigarro antes del descanso, aunque íbamos en salones diferentes teníamos por costumbre salir 10 minutos antes de clase con permiso o sin él, para fumar un cigarro antes de gozar del recreo. Pero habían pasado 5 minutos desde que llegue al punto de reunión y Javier no aparecía. Desde el techo de la cooperativa se podía ver su salón y yo miraba fijamente para verlo salir y encaminarse hacia mí. Pero mi sorpresa creció cuando lo vi salir de los talleres, que estaban enfrente de su salón. Salió del taller de secretariado, con mucho cuidado y sin querer ser sorprendido, lo seguí con la mirada; parecía que le dolía algo pues se tomaba el estómago mientras seguía su camino hacia mí. Sin dejar de inclinarse tomándose el vientre me miro desde lejos y me sonrió. Con esa sonrisa que significaba que había hecho algo jodidamente bueno. Por fin subió por la pared vieja de la cooperativa llegando a mí y al momento debajo de su suéter saco un cuaderno y me lo dio sin pronunciar una palabra, solo tomo el cigarro de mi boca y se sentó mientras le daba unas fumadas.
Abrí el cuaderno y lo primero que vi fueron estas palabras
“CHISMOGRAFO” -Solo para mujeres tercer grado.
Javier entonces me explico que el día anterior había visto ese cuaderno y había leído unas cuantas hojas antes de iniciar la clase, pero que llego el profe y por miedo dejo el cuaderno en su lugar. Sin dejar de pensar toda el tiempo en él, por eso mismo no dejo de vigilar a la dueña para hacerse del cuaderno una vez más, y que antes de salir para fumar, la había visto enfilarse a su taller para dejar sus cosas antes de salir al receso. Pero yo no comprendía que tenia de especial, ya habíamos tenido muchos chismografos en las manos y ya sabíamos lo que decían y quienes lo decían.
Seguí hojeando el cuaderno pero en la hoja donde se acostumbraba poner nombres, no los había, solo estaban escritos apodos desconocidos o nombres de caricatura y garabatos. Todo lo entendí después.
En él no venían preguntas normales como se acostumbraba, no había un “quien te gusta”, “a quien besarías” o un simples “cuantas veces has besado” las preguntas escritas ahí, salían de mi comprensión ya que eran preguntas de sexo, preguntas sobre experiencias con hombres y en otros casos, atracción por algunos mayores… entre otras tantas del tipo. Era increíble lo que estaba leyendo. Javier solo seguía fumando el cigarro y parecía distraído mirando el patio donde se organizaba ya el partido de futbol.
Mi mente se fundió con cada palabra escrita en ese cuaderno, iba de sorpresa en sorpresa, a cada pregunta, en cada respuesta, todo era desconocido y más aún, todo era increíble.
-Vamos a jugar futbol… -Repitió Javier no sé cuántas veces.
-No yo no, quiero leer esto, pero ve tú si quieres. –Javier dijo algo más antes de irse pero sus palabras ya no entraron a mis oídos.
Ya estaba solo; tome asiento, prendí otro cigarro y seguí con la lectura del cuaderno, mientras trataba de identificar la letra o los apodos que habían puesto por nombres, pero nada, así que deje de intentarlo.
Las preguntas me parecían sorprendentes, nunca me imaginaria a mis compañeras decir lo que ahí estaba escrito.
Pero de todas las preguntas referentes a sexo una fue la que me detuvo en seco y la volví a leer una y otra vez…
“Te masturbas? Si lo haces di con que…”
En mi vida puberta o de calentura juvenil, la masturbación era discusión de todos los días, y más entre mis amigos, ya que hacíamos referencia a ella en todo momento, con los albures y en expresiones corporales, la masturbación era un lenguaje muy usado entre nosotros, pero no lo había escuchado en ningún momento a una de mis amigas, nunca.
Y como pensé al ir leyendo las respuestas habías muchos “no” y unos tímidos “si” o “a veces”, “solo una vez”. Pero hubo una que respondió diferente, explicando su experiencia detalladamente.
“Si me masturbo, lo hago desde hace unos meses, la primera vez fue mientras me bañaba… ( ) Pero ahora lo hago con un tronco de árbol sentándome sobre él y acomodando mi cuerpo a su forma… ( ) El tronco está detrás da la cooperativa de la escuela…
Salte de mi asiento, y al instante camine hacia ese callejón que se forma entre la cooperativa y el muro de la escuela, para verlo ahí, un pedazo de árbol recién cortado para que sus ramas no salieran de la escuela, lo habían hecho como prevención a una escapada de estudiantes o que quisieran entrar a la escuela por ahí.
Baje del techo de la cooperativa y llegue donde el tronco; lo miraba con tanta atención de principio a fin como si fuera la primera vez que veía algo así. En ese momento ya no me importaron las demás preguntas (aunque si las leí pero muy rápido) ni tampoco las demás niñas que respondieron, solo me interesaba ella, regrese a las primeras páginas y como nombre solo había puesto: “Princesa”.
El receso había terminado, mientras caminaba a mi salón vino a mi mente una inquietante pregunta, quizá algunas veces estuvimos al mismo instante ahí, yo fumando un cigarro y ella sentada masturbándose… Tenía que saber quién era.
Días después nadie había dicho nada sobre la pérdida del cuaderno, como había previsto Javier, puesto que nadie diría que ese cuaderno era suyo. Javier después de haberlo leído la primera vez, había perdido todo el interés en él, pero yo seguía investigando; ya había arrancado hojas de los cuadernos de todas mi compañeras de clase para comparar las letras, hasta de las más feas, gordas, flacas, y niñas más frías y mamonas del salón, ya no me importaba su carácter, su apariencia, su forma de ser, solo quería saber quién era. Pero solo pude saber que ninguna del salón había sido quien había escrito eso, pero eso no me desanimo, tenía también muchas buenas amigas en otros salones así que me prometí no dejar de intentarlo. Casi una semana había pasado y mis investigaciones no habían servido de nada pues la forma en que descubrí quien era fue un mero un golpe de suerte.
Fue un día viernes, cuando llegue tarde a la escuela, como era mi costumbre, así que tuve que brincarme la barda para poder entrar, esa misma barda que hace el callejón con la cooperativa, y como es la más baja de toda la escuela era mas que perfecta para alcanzarla, aunque había mucha gente en la calle, tome impulso y subí con gran éxito, con todas la miradas examinando mi destreza, pero al estudiar todo el territorio escolar para disponerme a bajar, la vi, vi a la niña ahí, estaba sentada en el tronco, estaba sentada como se sienta una persona sobre un caballo, y se movía lentamente pero con cierto ritmo poco común, todo su cuerpo estaba en armonía, y todo se movía, sus manos, su cabeza, sus piernas, su espalda. Me hubiera gustado quedarme más tiempo observando, pero una señora me grito desde la calle, insultándome por verme trepado ahí, pensando quizá que iba de salida y no entrando, así que de un brinco caí a los pies de ella, pero ni con el ruido de mi sorpresiva caída, dejo de hacer lo que estaba haciendo, me puse de pie y la mire de cerca, era una de mis mejores amigas, era Eloísa quien con los ojos cerrados y la boca entreabierta mantenía el ritmo sobre aquel pedazo de árbol. Me acerque más y más hasta que pude escuchar su respiración y unos muy suaves gemidos que salían de su boca, hasta que bajo la cabeza y dejo de moverse.
Después de unos segundos fue levantando el rostro y ya con los ojos abiertos, me miro, y yo la mire… y ella me sonrió.
Bueno esta historia la escribí cuando tenía 14 años, la escritura no es muy buena pero por lo menos es entendible, además que una gran parte de la historia es verídica. El escribir sobre sucesos reales fue un buen inicio para poder aprender a narrar mejor los hechos y los escenarios.
Este fue mi primer intento espero haber mejorado durante todo este tiempo. El querer postear esto también ha sido gracias a una amiga mía, que sé, será una gran escritora. Ingrid que tu futuro en la letras sea muy exitoso y de grandes historias!

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